Entorno a las fuentes medievales I: las fuentes literarias.

Author: Mauricio /


El pasado 26 de marzo se efectúo, en la Universidad de Chile, la primera sesión del Seminario Permanente de Estudios Medievales: El medievalista y sus fuentes. En dicha sesión, se realizó una revisión a las fuentes literarias, llevada a cabo por la historiadora María Eugenia Góngora y la filóloga María Isabel Flisfisch.


Cabe preguntarse, y es lo que hace María Eugenia Góngora, ¿cuáles son las fuentes literarias para el estudio del medioevo? La respuesta es categórica: existe una cantidad enorme de manuscritos que evidencian la experiencia literaria del medioevo. Grandes poemas del Occidente medieval que nos han llegado hasta nosotros son muestra de aquello, formando parte de la historia literaria de Occidente. Poemas tales como el Cantar de Mio Cid, el Cantar de Roland, el poema épico anglosajón de Beowulf, entre otros. Pues bien, la medievalista chilena se plantea la problemática que todo historiador se debería plantear: el problema de las fuentes. La historiadora María Eugenia Góngora nos cita al notable medievalista francés, Jacques Le Goff, para plantear dicha dificultad en la investigación histórica:


“En cuanto al término ‘fuente’, me incomoda. Por una parte, la palabra me seduce, ya que convierte al documento en algo vivo, una fuente de vida; pero por otra, puede inducir –y ha inducido a algunos historiadores– a pensar que la historia ‘cae por su propio peso’, que sale ya hecha de los documentos. Para los historiadores ‘positivistas’ del siglo XIX y de principios del siglo XX, bastaba con reunir esos documentos, hacer una crítica de los mismos desde el punto de vista de la autenticidad (demostrar que no eran falsos; la historia de las falsificaciones constituye una bella página de la historiografía) para que estuviera hecha la obra histórica. Aprendí de mis maestros de los Annales que es el historiador quien crea el documento y otorga a los indicios, a los vestigios, como diría Carlo Ginzburg, el estatus de fuente. El cuestionario del historiador, las preguntas que se plantea y que plantea (una parte esencial de su oficio), constituye la base de la historiografía, de la Historia" (1).


(fig. 1: primera página de Beowulf)

Y las literarias, a parte de la ya mencionada problemática en cuanto a su calidad de fuente, nos producen otro problema: su validez para el estudio histórico. Por mucho tiempo la historiografía ha dejado de lado las fuentes de carácter literario, pues eran consideradas meras creaciones fantásticas, incapaces de mostrarnos indicios de una realidad histórica. Los combates ganados por las nuevas perspectivas en cuanto a todo lo relacionado al oficio del historiador, específicamente al uso de las fuentes, nos han abiertos nuevos horizontes respecto a aquéllas. Hoy, podemos considerar que todo lo creado por hombre es fuente para la historia. Lo importante recae en la capacidad del historiador en poder interpretarlas, conociendo sus limitaciones para ser transformadas en conocimiento histórico. Como lo dice Le Goff, en la capacidad del historiador en crear sus fuentes.


Y es que las fuentes literarias nos reflejan, ante todo, una mentalidad. Mente creadora, cuya creación se inserta en un momento histórico que muchas veces deja salir en su obra, dándonos muestras de algunos aspectos de dicha circunstancia histórica. Y acá entra la capacidad interpretativa del historiador en poder descubrirlas. Algo nos dicen de su momento el Cantar del Mio Cid; el espíritu caballeresco y el viaje; quizás los dos temas más importantes de esa realidad medieval que encontramos en tal hermoso cantar de gesta.


(Fig. 2: Protestificatio de Scivias, Fol. 1, Facsímil de Eibingen del códice de Ruperstberg)


Pues bien, ya con aquella pequeña teorización acerca de las fuentes históricas y a las que respectan al mundo literario, retomaremos el camino por el cual nos lleva la historiadora María Eugenia Góngora y la filóloga María Isabel Flisfisch. La primera nos presenta Hildergard von Bingen; una abadesa alemana. Nació en la postrimería del siglo XI (1098) y murió en el siglo XII (1179). En definitiva, una mujer del siglo XII. Hildegard escribió importantes obras de carácter teológico, como también se dedicó a la composición musical. La abadesa alemana, tal como lo hacían las que a su contexto pertenecían (y tal como lo muestra la figura 2), escribían en una tablilla de cera. La obra de Hildegard se nos presenta como una rica fuente del medioevo Occidental.


Por otro lado, la filóloga María Isabel Flisfisch, nos invita a descubrir otras estructuras de lenguajes, más allá de las palabras materializadas en la escritura, sino también descubrir e interpretar el lenguaje de la arquitectura (pues el monumento hace rato que nos es una fuente para aproximarnos a la Edad Media), el de la música y el de las imágenes, entre otras. Se trata de un ‘Metalenguaje’, que posee sus propios códigos metalingüísticos, que nos vislumbran una mentalidad determinada. Para la filóloga, “puede pensarse en un lenguaje de las imágenes, que puede ser descifrado, traducido”; en conclusión, una otra “literatura”, que espera ser interpretada. Una forma más, de acercarse a la Edad Media.


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1: Le Goff, Jacques. En busca de la Edad Media. Paidós, Barcelona 2003. pp. 31-32. [La historiadora no realiza la cita exacta, sólo los enunciados esenciales de aquel párrafo]

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